lunes, 2 de julio de 2012

Fragmento *

Podéis pensar lo que queráis, pero Eddie ya cantaba blues en las callejas antes de que decidiera alumbrarnos a todos con su sonrisa negra, sus gafas último modelo, y su teoría de la naturalidad. Lo poco que sirve luchar contra uno mismo. La mugre atenaza el corazón a base de grandes raciones de linealidad. Como si todo fuera avanzar, simplemente, como si la vida no fuera limbo. Como si el destino no tuviera que ver con el error. 


Eddie sabe muy bien lo que se hace. Se mueve en la masa nocturna como un panadero y parece tan joven que lavapiés es rosa y nadie lleva mechero. 
Y es como llevar en vez de un día, un milenio entero. Las sandalias y todo 
está 
permanentemente 
asolado 
por la ropa tendida que avecina las culturas, 
todo lo que tendríamos que enseñarnos y la fuerza que también está en defender 
lo que no entendemos de nosotros mismos, y por el contrario, alegrarnos intensamente cuando hallamos un mínimo de química resplandeciente. 
Saber el significado de la palabra confianza. 


Eddie de entre todos los presentes es. Viste como si fuera Miami y es listo como un garbanzo.
La comida senegalesa es una especia en sí misma. 
No sé cuándo volveremos a vernos, hacía cinco años que no sabía nada de él, sin embargo cada palabra que sale de sus ojos es un África próxima que mira al horizonte 
con el ruido de los sabios.