lunes, 6 de agosto de 2012

A flote...

Podría haberse echo eco el virus
entre las casas de mi vientre,
disparando la fiebre
y la violencia de un silencio...

No busco la comodidad
entre las astillas
de un barco naufragado.

Será siendo así
voy cuando aparecen sus manos
y cuando el llanto está a punto
de estrellarme los restos de una copa rota
en las plantas de los pies,
ladeo el ángulo,
desprovisto desproveo
de importancia a cualquier desierto.

Ya nadie podrá callarme
mientras beso al mundo
y rodeo las piedras,
aunque aún me queman algunos recuerdos
que valga la redundancia,
me recuerdan que algún día quise ser alguien
diferente a quien soy.
Y entonces me alegro de la distancia
impuesta por mi necesidad de equilibrio.