martes, 16 de octubre de 2012

El Sofá de Los Valientes by Lidia Fernández


Normalmente no sigo una regla fija para hablar sobre un libro de poemas o elegir un  poema de un autor para colgarlo en el blog. De hecho, en esto soy absolutamente irregular (me paso meses sin hacer referencias a mis lecturas), anárquica, y aunque me gustaría hacer reseñas de casi todos los libros que leo o me parecen auténticas maravillas para resguardar en rincones selectos de la memoria, El Sofá de los Valientes, Amargord ediciones, es particularmente un libro que ya hace al menos un año, me moría por leer.

Cuando conocí a Bolo en Madrid, en Julio de 2011, como veis nuestro aniversario ha sido hace poco, pues bien, cuando lo conocí sentí una especie de feelling inconfundible que te hace darte cuenta de que estás ante una persona especial.
Yo no soy buena redactora ni cronista y si tuviera que recalcar o sacar a relucir todas las razones por las que adoro y admiro a Bolo, posiblemente no lograría hacerlo con justicia y olvidaría detalles biográficos de gran importancia. Pero en este caso, a mí lo que me importa no es el Bolo para todo el mundo, sino el Bolo que yo veo y que otros también han visto. Aquel que está pendiente de todos nosotros. Aquel que ha hecho que los poetas nos sintamos en cierto modo como parientes lejanos que acaban de reencontrarse en un Madrid áspero, donde deseas hallar a otras personas tan peculiares como tú, y al final lo logras.
Lo que más me gusta de Bolo, concretando aún más, es que cree en la evolución de las personas y en sus capacidades, y es un gran enamorado de dar oportunidades, que sin que él lo sepa, contribuyen a la transformación. No sé cómo ocurre pero es así. Al menos en mi caso, sentirme acogida, sentirme querida (como suelo sentirme cuando estoy con él) y no sé...el agradecimiento que siento porque me hiciera el favor enorme de presentar mi libro en La Buena Vida, por ejemplo, entre otras tantas...pues es algo que no quiero ni puedo dejar de apreciar.
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Desde la óptica del verso, el aforismo o el poema, en este Sofá de los Valientes...no se nos olvide que Bolo es una persona para la cual la palabra valentía es muy importante; pues desde este Sofá, yo no sólo he visto la brillantez en las ideas y la originalidad de la expresión entrecortada con la que están trabajados los versos...formas típicas, tan típicas de Bolo, sino que por añadidura, me ha permitido este Sofá, aproximarme al Bolo cálido, tierno e incluso revolucionario (pero siempre escueto): Salvo la poca tierra que alberga/ la pequeña maceta de un inofensivo cactus, / nadie debería relacionar posesión, tierra, que te hace darte de bruces con la característica más cuidada de Bolo: la elegancia. Cuanto más callo, / más grito .
Lo nunca excesivo pero lo alegre.
Lo triste pero lo alegre.
El amor pero lo alegre.
El corazón que conoce la agitación que produce la calma. La humildad con la que beben los caballos. 
Bolo camina, no deja de caminar...no deja de esparcir semillas que vuelan desde los espacios de su casa, allá donde estuviere, hacia el exterior recorrido por una mirada que busca la complicidad irónica del mundo
deliciosamente fragmentado, unido y vuelto a liberar, de Bolo. Son importantes las estaciones, el sol y la lluvia. La lluvia reía con nosotros. Los autobuses. Las mujeres. El humor humedeció los cables de tu cintura. Regalándonos pequeñas píldoras que te dejan suspirando e imágenes que te transportan perfectamente a este hombre frente a este mundo, pese a las Ratas de fe. Bolo lucha por mantener la ilusión y la identidad, y en mi opinión, en este libro lo consigue.

El Sofá de los Valientes. Hipólito García Fernández Bolo
Amargord Ediciones.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

No hay abrazos suficientes para abarcarlo

Lidia dijo...

:) gracias, cariño.