martes, 13 de noviembre de 2012

Desahogo emocional

Hace muchísimo tiempo que no escribo una entrada de este tipo en el blog, la verdad es que he intentado ir limando mi cursilería con los años, pero en el fondo, cuando abrí el blog, al principio de sus principios, solía utilizarlo como un desahogo emocional. 
Hacía tiempo Giovanni Collazos reconocía su tristeza y su amargura en un post y simplemente, a mí también me apetece hacerlo. 

Estoy cansada. Cansada de cometer errores y creer en navíos, y creer en lo humano, y creer en el amor y en la posibilidad perfecta de las cosas. De correr desenfrenadamente y desangrarme mientras trato de ser entendida en lo que apuesto, siendo una completa anormal y las patadas que recibo...sin embargo no cambio porque soy una masoquista de primera. Lo que me molesta en sí no obstante no es el contenido de la decepción sino las formas tan poco cuidadas de las personas cuando nos decepcionan y al mismo tiempo, la responsabilidad que tenemos al dejarlos entrar en nuestra vida a la ligera, confiando en su energía y sus palabras, confianza, esa maldita palabra que de repente te hace pensar que nos movemos en un absoluto, cuando todo es tan relativo y tan frágil. Es una mierda auténtica, porque a veces creo que sería mucho más feliz si fuera del Opus Dei o algo parecido. Si me entregase a personas que creen en la entrega como yo, pero claro, tampoco yo creo en la entrega en ciertos términos...no sé, me confundo, me contradigo como es habitual, o por el contrario sólo me hago mayor y como digo, tiendo a extirpar todos los tumores que me nacen. 

Pues sí: hoy estoy más triste que hace mucho. Siento que he perdido mi tiempo, mis ganas, mis ilusiones y mi amor, que es lo más importante, con alguien que al darse la vuelta, de manera subconsciente ha buscado traicionarme para no tener que darme nada. O no tener que darme nada más. 

Todos me dicen que así es la vida. Yo siento que a veces no quiero vivirla con tanta suciedad pero no habrá, debe ser, otro remedio. Y me siento vieja para cambiar. 


3 comentarios:

Lidia dijo...

Lo cual no quiere decir que yo no haya decepcionado también a otras personas, y así...a saber:

el amor como siempre lo hemos conocido ha entrado en un descreimiento tan profundo, que todos luchamos por destruirlo, con tal de no sufrir.

Ludmila dijo...

¿Sabes qué hago yo en momentos semejantes? Lloro lo que necesito, como bien, y me echo una dormida de campeonato hasta que me recupero. Si me apetece, también hago ejercicio, que sé que me hace bien. Definitivamente, cuando me encunetro con una sorisa conocida por la calle me cambia el mundo. Amiga: ¿te tomas un café conmigo? Ya sabes dónde me tienes. Un abrazo, corazón, campeona... Creo que nadie se salva de los desánimos, pero qué mejor que, de darse, sea porque se vive a flor de piel? ¿Los errores? Aprender de ellos. Besazos, Lidi.

Lidia dijo...

Gracias linda y gracias por lo de esta mañana.

Nos vemos prontito.

Besos.