domingo, 10 de febrero de 2013

Aquellos días de frío y lluvia



Pronunciamos 
nuestros encajes de bolillo,
nuestros errores,
los que nos hicieron nosotros,
por los que siempre regresamos
a la observación cuasi cruda
de cada acto 
que nos engorda o disminuye,
para no caer por la escalera de caracol,
para no asumir el vértigo. 

Hacer pública la raíz cuadrada del miedo, 
sin tenerlo, justo en la dosis, 
en el punto de mira de la identidad, 
donde se edita el aliento de la soledad
que tantas y tantas veces
sobre nuestros ojos vibró
hacia dentro. 

Nos intrigan el placer y la tranquilidad, 
nos intrigan los días que sigue haciendo frío
y nos llovemos enteros,
a punto de cuajar 
los elementos
que nos hacen fuertes 
y no nos niegan la estructura. 

Pronunciamos la prudencia
como acto exclusivo de amor, 
como comunión perfecta de sonidos
mientras nos adentramos 
como dos desconocidos
en la marea agitada 
de nuestras orillas denegadas. 

Tal vez el tiempo
vuelva a cambiar,
mientras tanto el frío 
nos aviva el esqueleto
para buscar ese calor 
provenido del lenguaje. 

Así nuestro cuidado, 
esquimal afecto 
que empieza por la tibieza
abriéndose paso entre los labios.
No estaremos mucho en este iglú, 
los abrazos nos esperan. 


2 comentarios:

Paloma Corrales dijo...

"para buscar ese calor
provenido del lenguaje"

Precioso, Lidia.

Un beso.

Lidia dijo...

:) gracias Paloma¡¡¡

Cuento los días, y todos los días abro el buzón¡¡¡

Te espero, linda.

Un beso muy grande.