jueves, 14 de febrero de 2013

Sin iris sin pupila

Días en que los ojos 
no tienen iris ni pupila,
el espejo es una soledad en amasijo 

una margarita azabache que ulula
a cortos tirones su cansancio negro. 

Una margarita en crudo
deshojando sus remotos

guarida de alambiques
mortífera,

la deformidad de los días 
sin iris                                  sin pupila 
y si me apuras 
la realidad como un kilogramo
violando el reflejo enamorado
con lo indistinto. 

Amar no es el ciego arrancar 
que cosifica a la belleza;

para reconocer la fisura, 
vuelve a cerrar los párpados
y el delirio tendrá pedigrí 
cuando avistes 

No es todo el desconcierto del fin. 

Empiezo a delatar.