jueves, 7 de marzo de 2013

La báscula de los he(le)chos



Tiro de un hilo y las cosas se ven
como siempre debieron
haberse visto. 
En su pretérito perfecto
de llamarada que anuncia la ceniza sabia, 
de una expansión que no se puede
envenenar sin la conveniente
transparencia del espíritu. 

En ocasiones los misterios
deben seguir su rutina, 
seguir siendo innombrables
los caminos perseguidos,
por la inconsciencia de la convicción
que de algún modo es instintiva.

Que abandonemos un puerto
no es tan grave si aún se tiene esencia
de navío, si aún atracar
supone un ansia indescriptible
del sueño que se vuelve pesadilla
en la cima despierta 
de las cuatro de la mañana.

El insomnio no es la casualidad
del agricultor. 
Es la causalidad de todo 
lo que nos alimenta 
pero debemos dejar a su amor. 
Como unas buenas lentejas
haciendo chup chup 
hasta el almuerzo. 

El buen bocado es saber disfrutar
de las estelas momentáneas
y fundirnos con su receta
de estrellas fugaces bañadas en vino.

No hemos llegado de nuevo al desierto,
simplemente hoy somos más
nosotros mismos. 
Y eso nos salva de ser tóxicos
e inteligentemente conocer
las válvulas de escape. 

Hay mucho por decir aún
y muchas maneras de decirlo,
que nos conduzcan al mar abierto
con una mayor sapiencia 
de nuestros límites.