jueves, 4 de abril de 2013

De la ausencia



A veces me apetece que vengas
pero no digo nada porque mi teléfono 
resulta estar enfermo.
El silencio significa
que de niña nunca me dieron queso en la merienda
y que todas mis aureolas conmovidas
son el sueño de lo extraño,
tras el que años de muerte 
llegan a causar fiebre de vida, 
y en el intervalo me hallo
como un ser forajido
que va lamiendo la calma de las piernas
y sopesa con cuidado las ideas de lo excelso
de lo grande, lo pequeño y lo mediano, 
y del cómo infringimos los lamentos
que nos llegan desde el fondo,
desbaratándonos enteros,
pero viendo los principios que nos restan 
grados de conciencia;

Podemos seguir ebrios y de hecho lo estamos, 
pero es una ebriedad contenida
en los huecos que no apreciamos
sobre una circunstancia aprehendida, 
y debemos así cuestionarnos 
cuál es el sentido de la ira. 

¿A dónde nos conduce no poder dejarlo, 
y vivir simplemente como si todo fuese nuevo?
y no tuviéramos esa perenne arruga 
que al cabo, delata nuestra grieta. 

No ser recargados, ser cada vez más sencillos, 
amar el tiempo como una flecha que nos atraviesa
para declarar la inmanencia de la brisa, 
y ser felices por el fin de las preocupaciones
que tienen que ver con la materialidad del sentimiento, 

y dejarlo morir mientras creemos vivir
y acaso ilusos sentir la inmensidad de su vacío
que hace del latido un gesto grande. 
Por eso no hay que tratar quizá 
de agitar la danza de su fuego 
o acariciar por el contrario la voz de su ceniza, 
hay tan sólo que perdonar 
esa carencia que nos encierra, 
y fundirnos con los párpados tibios del día,
y la arenosa controversia de su conocimiento, 
porque toda paz es aprender a vivir con la ausencia. 

3 comentarios:

Paloma Corrales dijo...

Me encanta, Lidia. La búsqueda es tanto huir como aprehenderse. Muy bueno.

Un beso, preciosidad entre las preciosidades.

Delia Aguiar dijo...

Este me encantaría escuchártelo leer, me gusta mucho. Besos.

Lidia dijo...

Muchas gracias Paloma, casi siempre estamos en ese diluvio. Un abrazo muy grande y más besos, bella.

Delia, seguro que me lo escuchas recitar, :). Un besito¡¡