jueves, 18 de abril de 2013

De la respiración

Es posible pensar la inspiración: 
un tórax necesita aire.

El intercambio se presupone similar
en todos los seres humanos,
la presión brusca o suave 
a tenor de la ansiedad y de las exigencias
ventilatorias 
de nuestro miedo, 
porque tenemos miedo
a ser desconocidos, a ser frágiles 
si no espiramos 
con el mismo cálculo de los otros.
No vale asfixiarse y el pánico a la obstrucción

Es posible, nos convencemos,
que existan rigurosos protocolos
para apagar el hambre, 
y no reparemos en lo inherente,
en lo que al transformarse vulgarmente
pierde esencia y originalidad. 

No valoramos la necesidad 
de nuestros retratos hermosos
del avance que no hubiera existido,
si no hubiera surgido
una respiración distinta, 
otra religión del Aire, 
porque donde sólo hay razón 
poco corazón

no zarpan 
embarcaciones 
destino a descubrir

                                                            nihil novum sub sole

escribir, respirar 
algo distinto de ti que eres tú
de tú que eres él que eres nadie,

la estética formal no ha de llevar al vacío 
pero algo más ha de ayudar;

el fidedigno trazo de una pluma 
que abra en canal tu pecho que rompa
el encajado de tu boca, 
hasta decirte con tus instrumentos
para ser totalmente libre, 
ese, al menos para mí, es el sentido:
no debes, para congraciarte, 
perder jamás tu propiedad.