domingo, 12 de mayo de 2013

Alumbramiento



Hay que vestir tomas de luz
que secunden la ronquera,
el amplio naufragio 
que espera una estepa lunar,
abrazo sin compungir,
roca que estalle en la garganta
para lavar la tierra 
que se acumula en la piel.

La placidez 
es sumar ápices al desencuentro, 
desnudar las vertientes
que queman para encender 
la boca tibia. 

Una alucinación remota 
que devuelve la conexión al mundo, 
mientras comprendes
períodos de genuflexión 
y el verbo, cuando se retira 
la atmósfera apabullante
y el canto del pájaro aflora
entre las ramas
y cerca de los edificios. 

Cuando sube la noche 
reclama su sitio en el algodón 
insatisfecho de un cielo agotado, 
vuelve el aplomo
como un rasgueo de cuerdas, 
a visionar el gesto
que nos devuelve a nuestro quicio;

Morimos descamando el vuelo
y volvemos paradójicamente a vivir
en el consuelo mágico del día.