lunes, 20 de mayo de 2013

Desarropada

quinientos mililitros de belleza
sepultando mi corazón
con un ansia corrosiva de sustancia,

corazón depredador
que pierde la palabra cuando presencia,
que sigue importando aquel recuerdo 

que importa aquel precipicio

y entonces se baña en alcohol 
con mucha espuma 
y canto hasta quedarme ciega.

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Te vi, y cuando te vi,

y después 
cuando intenté decir
palabras inservibles
que no valían no servían para comunicar...
notaba el peso de la tierra desde el suelo 
y hacia dentro, 
sólo quería que alguien me comiera
o provocarme un estrangulamiento
de necesitar

sexo, quizá sea sólo sexo, buen sexo
estremecido y acalorado a bocados derritiendo 
embravecido 
bajo la esperanza del orgasmo,
los gritos que quedaron desterrados 
y pareciera tan lejos que nos hubiéramos sentido
como si hubiera pasado infinito, 
tanto tiempo

y me convencieras de que no es tan grave.
Que no es tan grave que se tambalee el cuerpo,
y decida dejar de pensar 
y meterme en una red de pesca 
haciendo envolturas variadas, y entregarme 
a quien venga con su amor tiritando,
y yo siempre más pequeña 
escurridiza y abrumada por el sueño
de que algún día vuelvas 
a ser libre 

que yo vuelva a ser libre
que volvamos a ser valientes
y ardientes, 
que volvamos a darlo todo
sin temer.