jueves, 16 de mayo de 2013

El acto de eludir...

La cobardía despierta mi rabia, 
no porque tenga la seguridad
de que afrontar
por sistema, solucione los males, 
pues no siempre es así,
pero se precisa de valentía
para evitar efectos 
colaterales 
desagradables, 
sobre todo si el que no afronta, calla,
o evita o espera a que le caigan 
encima las propuestas, 
o se deja llevar 
por una corriente anodina 
mientras mira con gran estilo,
estupefacto,
el gotelé de la pared,
esperando que el otro rompa el hielo, 
que tome decisiones 
mientras yo no me implico, 
y evito el disgusto de ponerme colorado.

El que, por su actitud, 
desprotege a quienes tiene a su cargo
u olvida su naturaleza
de pieza central, que lo vuelve clave 
en una hazaña,
el artífice de la unión...

el que huye de aquella responsabilidad 
que lo compromete a estar 
pendiente y ser activo suficiente 
para su defensa o defensa
de quienes elige y aprecia...

el que es cobarde, concluyendo,
no merece mi entera aprobación. 

Yo defiendo que hay que comparecer 
como dice el refrán: 
"a las duras y a las maduras"


3 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Ahí! Olé!
Un abrazote,

Nená

Lidia dijo...

:) gracias...qué bien sienta desprenderse de la indignación momentánea.
Tengo en cuenta los factores que nos llevan ser cobardes, lo que no entiendo, entonces, es por qué alguien se nombra capitán si debiera ser marinero.

Un besito, Nená

Íntimo fárrago dijo...

Te comprendo, pero tiene su lógica, el cobarde se nombra capitán porque desde esa posición tiene mejor perspectiva. Date cuenta que desde abajo -como marinero- no vería con tanta facilidad venir las cosas...
Otro beso,

Nená