martes, 28 de mayo de 2013

No quiero una férula de descarga



Me duele la cabeza.

Es curiosa la resaca de tanto retener
entre las fauces. 

Y eso es que hago todo lo que puedo
por evitar el sobreesfuerzo 
y la tensión bajo la sábana,

la pesadilla aparece en canon fotográfico
con contenido familiar,
también aparece en forma de alberca verdinosa,
de un perro que me mira fijamente, 
un perro de color negro,
tan negro como el tedio de los días 
en los que no paro de huir 
y sobre los que niego la ilusión 
de que se resuelva la vida.

Es curiosa esta bipolaridad de dientes...

porque aunque sé 
de las bambalinas al natural
alguna que otra vez en cambio,
no existe el telón ni un vacío al otro lado.
Todo es puro invento.
No hay ninguna cortina 
y mi vida es la angustia, 
pacificada, que sigue sangrando por la noche.

A lo mejor necesito una prótesis primaveral
o desnudarme al sol, 
u olvidarme y no recordar 
mientras recuerdo
que aprieto la mandíbula 
porque soporto 
sobre el cuello, el territorio de la memoria,
y que sigues haciendo historia
mientras vuelves a pensar primero en los demás 
después en ti y alguna vez, 
cuando interesa, en lo demás.
En lo que te da de comer, 
igual es que el bruxismo es un fantasma. 

Pero no sé porqué...o si,
sigo apretando la mandíbula, ya lo sé...
como si fuera un ajuste de cuentas
aunque no haya aquí más cuentas cerradas,
sólo crueles heridas en bandada  
durante el sueño, 
imagino que será, el precio de elegir 
la libertad de la respuesta.
No quiero una férula de descarga.
El día que te amanece te obliga a ser cuerdo.