miércoles, 5 de junio de 2013

Aprender a fluir



Tengo el pánico a medio hacer.

Me siento infantil por ello.

Me azoro, me enredo
y tiemblo ante la noticia
que se anuncia con bombos y platillos
detrás de la puerta;

abrir es un acto difícil 
en el temperamento experimentado
de cada vida. 
Así que abrirse es una sensación
que comparte por un lado
la excitación de lo desconocido, 
con la congoja y el temor 
de que lo nuevo nos complique. 

Mi trabajada anticipación soñadora
es una disciplina que me ayuda 
tanto como me perjudica 
para tener reposo en la confianza.

Trato de medir la confianza exacta, 
la muestra  
que de nuevo se deposita 
empezando desde cero, 
esperando generar una emoción positiva, 
pero lo reconozco: tengo pavor
a no estar a la altura de nada ni de nadie,
ni de mí misma. 

Este es el dilema que me asiste este año...
que no soy capaz de ser del todo natural
porque la fantasía que me ocupa,
a veces me lacera o me extasía antes de tiempo.

Estoy luchando por vencer 
la costumbre de no querer sufrir
y darme cuenta de que tanto miedo
no es sino patético, irreal. 

A veces es complejo. 
Mi vida hace que lo sea. 
Mi forma de sentir es peculiar.
El cómo me entrego 
y lo preparada que anhelo estar
para poder contar conmigo, 
son factores que me aturden alguna vez,

aunque siempre suelo terminar dejándome llevar
y sorprender, a pesar de la realidad pasada
y sus degüellos, 
pero he llegado hasta aquí
con todo el amor que he podido.
Creo saber que logro transmitirlo.
Pido perdón si en cambio en alguna ocasión
parece que niego,
porque también me paralizo.
Me paraliza el miedo.

Soy humana, 
y sé que todo esto lleva tiempo...
tengo que educarme la paciencia
y no desmesurarme en los momentos
que parecen decisivos...
sencillamente 
necesito 
aprender 
a fluir.





2 comentarios:

María Sotomayor dijo...

Lidia hermosa, tú ya sabes fluir, sólo hay que aprender a disfrutarlo.

Te quiero mucho :)

Lidia dijo...

Yo también te quiero :)

te echo de menos¡¡¡