viernes, 7 de junio de 2013

Sentir

Ojos que lloran por la mañana
la gracia del destino que imploran,
porque por grande que sea la piedra, 
es más fiero el ojo que ha mirado y asume,
que ha aceptado durante años
el resquicio, 
y que se derrama durante un segundo.

Esos ojos son fuertes.

Son mis ojos caprichosos y procaces, 
como el humo que ha ardido sobre un puente
separando cada visión de su otro lado, 
pero recuperando al fin y al cabo la firmeza
del sonido que abre y cierra
cada párpado.

Esos ojos, ojos que regeneran

Ojos que hacen trizas su paraíso,
que matan así como mueren 
que adoran el trazo mágico de la noche,
que beben del río agudo de las manos,
que crecen en esquinas sin sentido,
ojos amigos, que perdonan, abandonan, pertenecen...

Esos ojos son mortales

Ojos infinitos que equivocan percepciones,
ojos llamarada que se queman al rojo vivo,
ojos indecentes, clarividentes y escondidos,
ojos deseosos imponentes escindidos,
ojos cuya mirada extraviada es céntrica.

Ojos, esos ojos son los míos.
Todos ellos, mi asterisco, mi mentira,
mi ser en cinta, 
mi ambición 
de no hacer ya nada más
que lo que diga la vida que entienden mis ojos
que no mandan en mi vida
y que van a dejarse llevar por la corriente
del destino que se cierne
y aunque duela,
aunque a veces esté ciega...

los ojos no se han creado sólo para ver.




4 comentarios:

Delia Aguiar dijo...

Ojos preciosos, y que brillan.

Lidia dijo...

:)

te quiero, pequeñita.

maria isabel dijo...

Bonitos ojos

Lidia dijo...

Gracias María Isabel y bienvenida¡¡ Un placer charlar contigo anoche.

Un abrazo muy grande