miércoles, 10 de julio de 2013

Callar


No me llueven ya palabras desde las ojeras.
Me clavo cada pieza de este puzzle que no me pertenece.
Adelanto en las carreras.

Crujo me arranco me tiro por la borda
la arena me cae por los tobillos,
no espero que entiendas que no dejo de esperar 
y que mis tiempos son camelias marchitas.

Ninguna forma de progreso me hace progresar:
me gritan los sesos. 
Estoy en el fango porque mi vida es así,
como una favela. 
Como un brazo que levanto con vicio.

Una resistencia que me presiente, me domina,
me aísla insistentemente y de todo. 
Sin embargo siempre acabo encontrando,
será porque quiero creer que me da igual lo que ocurra.
Porque yo no voy a tener ninguna historia
que merezca la pena defender, 
porque voy a derribar dejando de alimentarme,
porque me dispongo a seguir matándome
a seguir mi travesía en mi desierto.

Quiero descoyuntarme 
que me extraigan cada parte humana 
en especial el odio, que se inunde la cosecha,
el grano desperdiciado de los dones que no han nacido aún,
los parásitos que han roído hasta la última huella.
Estoy expuesta. 

No me conozco. La certeza de lo insólito se me pasará.
Como tu olor que no descansa entre mis labios.
Siento asco. Inutilidad. Crezco sobre lo maldito
y al final me recupero.

Pero ojalá no tuviera que hacerlo. Subir y bajar. 
No confiar. Preguntarle a dios. Callar para siempre.


2 comentarios:

fran Martínez dijo...


Voy a caminar por tu piel, escuchar el latido de tus palabras, ser la espiral de tu sombra. Y dejar que ardan los días, y los meses, y...

Un placer leerte

bsos

Lidia dijo...

Gracias, Fran...

Besos