jueves, 11 de julio de 2013

De la Ansiedad






La ansiedad se define
como aquella opresión torácica 
que se parece mucho
a la sensación de muerte inminente,
a saber precisamente de la carne frágil.
De la mente frágil. 
De la contractura inmensa que nos arrodilla.

Material sensible luego espalda.
Evitar que todo salte por los aires
es elegir un lugar cerrado y mantener 
las distancias con el ventilador.
No llegar nunca a creer en un cambio 
que nos acomoda,
para no perder de vista la alerta.

Estamos demasiado acostumbrados 
a que la vida no sea fácil,
y a anticiparnos 
cuando el instinto nos despierta 
la inseguridad, con la que 
falsamente acunamos la prudencia
y parecemos a salvo de peligro, 
tratando de no ser socavados por factores 
sobre los que no tenemos 
ningún tipo de control.

Hace tiempo me di cuenta
que la necesidad de control 
es uno de los males que aquejan nuestra época, 
precisamente porque nuestro entorno 
se despliega 
en una velocidad adaptativa bastante costosa 
no siempre inteligible y que implica tanto gasto de energía
que queremos ser conscientes de lo que entregamos
en cada liberación. En cada toma de decisiones. 

La agonía surge al tratar de apresar la totalidad 
y esa pretensión, a su vez, 
estimula el desarrollo de cualquier tipo de trastorno.
Hay en esto algo de consecuencia social
y baja tolerancia a la frustración. 
Eso nos hace dirigirnos a la vida, 
no siempre bajo actitudes sanas
y no siendo pacientes en absoluto, 
tal es la exigencia que nos plantea el hecho de tener 
que ser felices, y el sufrimiento que nos marea
con su acaecer, con su omnipresencia
a la vuelta de la esquina.

Todo esto se trata de huir o escapar. 
De no dejar de respirar. 
De la individualidad y la confianza.
De depositar algo más para olvidar 
que el sol devora al plasma,
y que hay formas de proteger que no son abruptas.

Como viene siendo habitual,
superar los hábitos que nos dañan
requiere de un gran esfuerzo 
y de un saber a dónde se va...
o no saberlo pero guardar calma. 

En realidad...hay situaciones 
en las que la imaginación
es nuestra peor enemiga. 
Porque ya hemos muerto antes. Ahora. 
Morimos cada instante 
y no de cada instante
extraemos un sentido.

Vivir, al menos para mí, 
sugiere un replanteo constante
de querer darse con cierta lógica, 
pero también esa misma lógica
hace que sea agotador. 

Otra reflexión para esta semana:
ansiedad a la que espero darle carpetazo
pronto...