viernes, 6 de septiembre de 2013

Indolencia

A veces haces cosas durante días 
que te alejan,
pero estoy acostumbrada a apreciar la extensión
de las resonancias del cuerpo

no 
olvido
lo que implican las noches a duermevela,
la realidad
que se pospone en todos los abismos de tiempo,

la hipocresía, a saber:
no la hipocresía de cualquiera, 
me refiero a la mía, 
la que nace de las zonas de la espalda
golpeadas, 
negruras que circundan la escasez,

Y verdaderamente
hay segundos en los que no sé hasta qué punto me interesa nada,
sólo hay una masa, una conciencia 
que conoce la intrascendencia 
de cualquier intensidad,
de cualquier denominación, 
y una remota desesperación
reprimida por dentro como un pinzamiento sordo.

Identifico perfectamente la consistencia de mi miedo,
está hecho de la distancia
entre el ego del daño pasado
y el ego del daño que está por llegar. 
Así caerá sobre mí el aluvión de los consejos no aceptados,
de la mentira con la que parezco comulgar,
pero cuyo lenguaje doblo sin saber ya más que de la palabra
el viento,

no 
es 
ficción 
es 
que
ya 
nada 
es 
sonido 
firme 

y entonces, yo también me escondo...



3 comentarios:

Anaís dijo...

Un poema introspectivo y necesario. Escribir para conocernos, ¿verdad? Tarea ardua y en presente continuo.

Un abrazo desde tierras extremeñas, a los pies del monte y con un cielo azulísimo. He vuelto, he vuelto a mis raíces.

Lidia dijo...

Me alegro mucho por ti...espero que descanses en la naturaleza cerca de los tuyos :) y claro...nos estamos conociendo todo el tiempo en versos que duran lo que dura la prisión emocional que nos impera. Al menos para mí, la poesía es una salvación en ese sentido...no obedece siempre a una verdad sino a un cuestionamiento que da lugar a un estado en la palabra.

Un besito muy grande, linda.

Anaís dijo...

Qué bien describes ese estado, Lidia. En efecto, para mí la poesía también es una salvación y, al mismo tiempo, una manera de explicar-me el mundo.

Feliz fin de semana con sonrisas :)