lunes, 18 de noviembre de 2013

A mis abuelos

Que mis abuelos hayan influido en mí
a través de su presencia indispensable 
en muchos momentos de mi vida, 
es simplemente algo impagable,
es algo que me constituye como mis brazos y mis piernas.

Si tuviera que enumerar no sé por dónde tendría que empezar.
Cada una de las experiencias y recuerdos que albergo
tienen que ver con una parte de la existencia
en nada referida a lo material. 

Con mis abuelos todo ha sido siempre compartir,
nunca preguntar lo que no se debe preguntar
ni exigir ningún tipo de comportamiento estándar,
ni esperar nada distinto de lo que uno ha sido,
de lo que uno es. 

Sobre mis abuelos, he intentado mil veces sin éxito
escribir poemas, así como personas de las que aprendo
y a las que amo con todo mi corazón,
imagino que ha de ser porque no espero atrapar 
a esas personas dentro de una imagen pasajera,
no espero tener que recordarlos poniendo palabras 
en ningún sitio, sino que espero llevarlos dentro
y avivarlos cuando los preciso para respirar su aura. 

Cuando necesito recordar qué es importante,
y qué estoy dispuesta a cultivar.

La vida de mi abuela ha llegado a su fin este viernes, 15 de Noviembre
y mi abuelo falleció hace cuatro años, un 26 de Agosto, al día siguiente de mi cumpleaños.
No miento si digo que me quedo sin mis segundos padres y sin dos de las personas esenciales de mi infancia, 
adolescencia, juventud y madurez. 
Desde quién custodiaba mi colección de barriguitas, 
a quién me ayudaba a recortar las muñecas recortables,
pasando por quién me hizo el primer camisón,
quién me enseñó lo que eran los dolores menstruales,
a quién le contaba sin ningún tipo de miedo mis sentimientos,
quién practicaba la empatía a la perfección,
quién hacía el mejor caldo casero del mundo,
el pollo con tomate más genial, 
el huevo frito mejor frito del mundo,
quién me enseñó a coser a máquina 
(aunque luego me olvidé),
quién me acompañaba en ocasiones a la universidad, 
quién me daba la receta para una piel de cine,
a quién acompañaba yo al mercado, 
con quién jugaba a las cartas, 
con quién dormía la siesta en su cama de matrimonio,
quién me tapaba todas las noches cuando con frecuencia semanal me quedaba a dormir,
quién me ponía la bolsa de agua a los pies de la cama,
quién se lavaba con gel Magno y usaba colonia S-3,
quién me enseñó qué era el baño maría,
quién vino a recogernos del colegio trillones de veces
y quién fabricó unas gafas esmeriladas para ver eclipses,
quién me enseñó a jugar al ajedrez, 
quién me llevó a coger bellotas, piñones y madroños,
quién colgó en un árbol gigante un columpio de madera y soga,
quién me enseñó a cantar canciones cordobesas.
Quién hacía que siempre tuviera ganas de verlos.
Quién me habló de la guerra.
Quién me decía te quiero cada vez que me iba.
Quién cuando hablaba mostraba una gran profundidad, 
quién se había alfabetizado por su cuenta
y adoraba a García Márquez.

Quiénes desayunaban siempre magdalenas migadas con leche
y adoraban el helado de turrón,
quiénes querían llevarme de vacaciones con ellos pero nunca pudieron,
quiénes estuvieron trabajando toda su vida y fueron admirables obreros,
quién me arreglaba incluso las mazas de swing cuando hacía malabares,
con quién se me caía la baba sin poder evitarlo.
Quién me habló por vez primera del flamenco,
de las cualidades del vino fino y metió mi nariz dentro de una copa
cuando era sólo un moco,
quién me enseñó el casco viejo y quién me llevaba al río,
en qué casa escuché yo por primera vez Suzanne, 
con quién me divertía viendo el álbum de fotos, 
quién me regaló su colección de cromos, 
quién jugaba conmigo a las canicas, a las chapas y al fútbol.
Quién me curó picaduras y heridas.
Quién era socialista y defendía a capa y espada a Felipe González
y quién era del Fútbol Club Barcelona (y en consecuencia, yo también, felipista y culé)
mi abuelo era mi héroe
a quién le alucinaba el Museo del Prado,
y quién colaboró al 50% de motu propio con la primera edición de Sociedades en trastienda.
Quién era tan bueno quién era tan buena
qué personas tan maravillosas...


Abuelos...os llevo muy dentro...y os llevaré muy dentro mientras viva.









4 comentarios:

Julio dijo...

Querida Lidia. Para lo que necesites. Mis manos. Julio.

Lidia dijo...

Muchísimas gracias, Julio.

Un besito muy grande...
que por cierto sí que tengo un poema en mi libro dedicado a mi abuela, pero no haciendo mención a las cosas concretas que ha hecho por mí, sólo al recuerdo, a la verdad y al amor que nos une.

Otro abrazo más, compañero.

Anaís dijo...

Yo perdí a mis abuelos hace ya muchos años. A mi abuelo materno no llegué a conocerlo, pues murió cuando mi madre contaba sólo con catorce años. Mis abuelos paternos fallecieron cuando yo era niña. Y la más longeva fue mi abuela materna, Carmen, que nos dejó con 90 o 91 años, un mes de noviembre, como tu abuela.

Cuánta compañía y enseñanzas te aportaron, ¿verdad? Mucho ánimo y este abrazo cálido para ti.

Lidia dijo...

Muchísimas gracias, Anaís...de verdad...

y muchos besos.