jueves, 12 de diciembre de 2013

Invierno



Vino el invierno a calcinar 
con halo de frialdad en las corrientes.

Quisimos saber el misterio 
de cada estación y nos revolvimos,

nos escondimos 
en el cuello, en nuestra casa caliente,
en un arcón.

Nos escondimos en el doble fondo
y ni la magia pudo lograr que la razón 
superase al clima de nuestros 
sentidos resignados 
al recogimiento.

Pero fueron tantos veranos 
y tan poca la propiedad al sembrarnos 
con la pulpa y el sabor de los tomates; 

Debimos hacer una mata 
y de esa mata, luego, una trinchera.

Vino definitivamente... 

el crudo invierno, 
y el frío lacerante nos condujo
a las cavernas 
de la emoción,

y en lo impenetrable de los cobertizos vimos 
la transitoriedad de nuestros cuerpos
escuálidos, apenas palpitantes,
prohibiéndose olvidar,
pero sabiendo al cabo, 
que nunca hiela sin dejar un rastro 
de granizo en la entrañas,

y no se puede derretir el verso 
o compartirlo,
si antes no se ha proveído 
la leña o las palabras, 
para salvaguardarse de lo inhóspito
de la condición humana, cuando el frío arrecia. 











4 comentarios:

Rapso Falaria dijo...

Me encanta!! Poema afilado que traspasa la epidermis. Abrazo.

Lidia dijo...

Gracias guapetona...:) a mí también me ha gustado mucho tu bosque...pero estaba absorta retocando éste, y se me ha pasado comentar.

Un besito grande grande

Nuage dijo...

He notado el frío al leer este poema. Igualmente lo hubiese notado de haberlo leído en verano.

Muy bueno.

Lidia dijo...

Muchas gracias, Nuage.

Besitos