jueves, 26 de diciembre de 2013

Tempestad

Ciclogénesis es la manera de escuchar 
temporales que irrumpen en el mar 
tranquilo de unos ojos.

De unos oídos 
sentir dentro las caracolas 
del suplicio nocturno, 
y las horas de incomprensión 
en los choques guturales del vértigo 
aniñado, 
en las esquinas de una cama 
de noventa centímetros,
la ausencia de personas 
en las que reconocer una herida
cerrándose dentro de un abrazo,

saber lo que significa el afecto, 
cuando ha costado tanto
ser un náufrago y atravesar otros ciclones 
para estar un poco vivo en la esfera 
borrascosa de abandonos.
Ciclogenéticamente advertidos. 

Ciclogénesis explosiva son 
todos aquellos vientos, 
kilogramos de lluvia 
en los poros agarrotados, 
en los puños sin libertad
que desordenan con crueldad 
la fraternidad verdadera;

todos los juicios 
de la hecatombe 
sobre la dificultad del trapecio,
toda desventura superada para luego 
ser tristeza en un apagón forzoso,
para ser azotado por el aura explosiva de la parálisis,
que acaso recuerda que somos alguien
con la casa cerrada a cal y canto
y que hasta ahí dentro, podemos ser 
violados

ciclogenéticamente aplastados 
en nuestra ternura inmediata, 
llena de la esperanza 
de un sol que resplandece a cero grados,
para consumirse bajo el efecto 
de los choques frontales del daño gratuito.