martes, 27 de agosto de 2013

Autodefensas

En las oscuras galerías 
de la ciudad del trabajo
se deterioran las vigas del entendimiento,
se confunden los ruidos 
con el hambre y el tacto,

el tendón principal de tu equilibrio 
queda dañado por el incipiente vacío
que se espera de tus hábitos,
por el traqueteo de la gota insaciable que trepana los grifos;

En la capital de la rutina los jardines 
están secos,
el amor es una playa invertida, 
las averías son frecuentes
y el dolor es proporcional al caos sensitivo, 
es como la quemadura de un tubo de escape,

y el cimiento, que no implica a los huesos,
impide que las esperanzas suelden
a un sistema inmune desatando su apatía;

En la ciudad milimetrada 
nunca sobra la luz de la poesía, 
y el calor que ahora reconoces queda lejos,
así que dedicas por entero tu energía 
a la utopía de excederte 
mientras te vuelves a adaptar 
a dejar socavar 
por la opacidad de vivir,

mientras meditas las ausencias 
que dejaron secuela en tu matriz,
mientras comprendes el agotamiento 
de referentes que te apartan 
y que contigo forcejean, 
tratando de apagar tu lucha
para que el interior no abandone su esencia de aire y labio,

(que la fatiga no nos vuelva dóciles...) 

que la comunicación radie 
en las relaciones y el ocio, 
que por fin todo 
deje de parecer una verdad maquinal.