miércoles, 19 de febrero de 2014

Escritura


Perdona que no sepa 
a lo que me refiero;
pues 
he 
caído 
en la marmita 
de la relatividad,
más allá de las horas 
donde las palabras mienten
y la carencia inhala y bautiza.

Hay un corazón hinchable
nadando en una piscina de bolas 
con ansiedad infantil, 
que sabe dónde están los ángulos
del salón de juegos.

Sé lo que es el olvido, 
No te olvides de que olvido en primera persona,
acuminadas las durezas 
en las manos, 
desplomada la mirada:

sólo tengo que concentrarme 
en la lejanía que siento,
en esa cicatriz 
que oscurece sobre la carne 
del pómulo,

porque la madrugada del dolor 
sigue siendo interesante...y a veces, 
quiero que la poesía me estruje  
un segundo por dentro,
y para eso, sólo para eso, 
he de vivir siendo consciente 
del fanatismo,

su ardor emocional.

Y no puedo construir siempre 
y sólo 
desde ese punto.
Porque entonces perdería contacto 
con parte de la vida que me apremia,

enfurecería mi soledad
y mostraría el gesto 
desde mi estigma rojo,
declarándome en guerra sin paz,

y no sé exactamente bien, 
a quién ayudaría eso.

El hecho sea que regurgito 
mientras sueño,
y he de medir el recorrido de mi hambre,
para no ser vaciada 
por mi propio vocablo.

Hacer ejercicio de autonomía,
y aún marioneta, lograr 
ser un poco dueña de la mano que se cuela 
en lo desprotegido de mi cuello
y maneja mi nuca.

Hablo de emociones fuertes y nunca
de serenidad. 
Polimorfonucleares.

Yo asisto a un parto que aspira a pujar
mientras respira. 
Así quiero nacerme 
tras siglos y más siglos 
de desesperación.

Ivernar este cauce 
y dotarlo de otro prisma.
Estallando en la humanidad.

Ya no puedo soportar más reacciones en cadena,
confío en que lo entenderás.




2 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Intenso y conmovedor, Lidia.
Beso grande,


Nená

Lidia dijo...

Gracias, Nená...

un abrazo