martes, 4 de febrero de 2014

Fragmento poético de Etanol Mortis- Raúl Campoy Guillén

Y por qué te buscó el hombre,
y por qué te encontró.
Estabas escondido en el mundo.
¿Te avergonzabas de ti mismo?
Preferiste quedarte en la uva,
latente como un sexo en la oscuridad.
¿Acaso no estabas ya en nuestro cerebro?
¿No permanecías ya en nuestro cerebro?
¿No es nuestro cerebro una lejanía indecisa?
¿Por qué el cerebro no se ocupa de sí mismo 
y va más allá de sí mismo 
sin respeto a sí mismo,
sin respeto a lo que piensa por sí mismo?
¿Acaso un árbol no piensa por sí mismo
y se aprieta en su madera para ser en sí mismo
y se retuerce en su madera para sacarse aún más de sí mismo
y crecen sus ramas pidiendo paso al tiempo 
con educada lentitud y así ganar esa identidad
que descontractura al mismo sol?
¿De dónde se sacó el cerebro el pensamiento?
¿Pensabas que pensabas?
¿Te creíste a ti mismo pensando?
¿Y no te has quedado ya solo en el pensamiento,
en su movimiento constante hasta oír
el gemido del vértigo,
hasta oír el gemido del gemido del vértigo?
Necesitabas el vino.
Para no pensar
o pensar como un domingo fuera del calendario.
Necesitabas volcar los árboles, besar
una valla helada,
hacer latiguillos con la geometría,
gritar impar en un colegio uniformado. 
Necesitabas el vino
pero al final te quedaste también
pensando en el vino.
Pensar en la ebriedad no es menos triste
que una ubre tardía.
Así hemos llegado hasta aquí
porque así hemos querido.
Beber sin pensar es ser con más certeza
que beber pensando lo que bebes.
Y quien piense lo contrario
es porque solamente está pensando.
La naturaleza es intuitiva y por eso es perfecta.
Bella montaña,
eres mi única libertad desprovista de libertad.
Giras en mi corazón
los buitres últimos del atardecer.