jueves, 8 de mayo de 2014

Postpandrial

                                                                                                                                                          *B


En efecto el tiempo es lo que recuerda
que una vez fuimos,
que una vez estuvimos vivos, dentro 
de cada ofrenda
escanciados... 

un tendón a partir de ahora,
pero que nadie tenga la dulzura 
de dejarnos crecer
más que nosotros,
por eso hay que conocer 
todos los compartimentos estanco
y volver a la básica 
norma de encuentro.
La humanidad es la humanidad.

Me recorre el trastorno 
para devolverme al cuaderno.
Otra anotación trágica 
de la escalada. 
El consuelo eres tú 
vestida con un traje blanco y los labios rojos,
no como algo físico, sólo 
como una imagen que conmueve 
en la esperanza de volver 
a decorarse. 

Como ese cuadro abstracto
de Ángel Aragonés en un salón 
con una butaca antigua.
Como dijo la mujer pelirroja 
que parecía (y sería) tratante.
O tocar el ukelele en la playa.
No tengo la intención de desgarrarme. 

Deseo naufragar
en la cadencia 
de Emily Dickinson. 
Para eso tengo que respirar
todos los campos, 
despejar la ecuación del equilibrio,   
y quererme tanto que la paz venza 
a la angustia de insomne tratamiento.

Evocar el amor 
que nadie podrá darme. 

Saludar hasta pronto 
y cuarentena creativa. 









1 comentario:

Lidia dijo...

Hay que amar la suerte que llama a nuestra puerta...quedarse con lo bueno, con lo nutritivo, con la posibilidad de mejorar siempre, y vivir la vida absort@ en la belleza.
Por eso es sumamente importante conocer nuestros límites.
Y cuándo nos hacemos feos.