viernes, 13 de junio de 2014

Degustación

                                                    



Bajo el muérdago de las lenguas, 
aflora el erecto y dulce cansancio, 
un pómulo aéreo 
bañado en su collage de escalofríos.

La carne está vibrando 
suculentos aromas 
con textura de paraíso;

Seducción animal 
colmada de deseo,
en la humedad 
silenciosa de la garganta,
o pétalos sensuales
 del gusto,
recreando el experimento 
olfativo del tacto.

Reminiscencias, 
sutiles pero enérgicas, 
que devuelven pasión 
a este hambre de vida, inquieta, 
como el preludio de un manjar
que acude tímido a los ojos
capturando aquella visión
que convoca al bocado y lo transforma
en emoción, 
para reactivar la necesidad del recuerdo. 

Necesitamos 
memorizar la danza 
de nuestros sentidos y abrirnos a este diálogo,
degustando los sabores del verbo, 
jugosos 
y efervescentes.