martes, 3 de junio de 2014

La postura contraria

                                                                       
Si pudiera evitar 
mi reciente manía de cuestionar 
absolutamente todo, quizá 
sería más libre pero también 
perdería más el tiempo,
si no analizara a priori el coste 
que en realidad puedo asumir 
y el otro, 
el coste del que capaz no me siento.

Midiendo desde tus propuestas
también me doy la razón, 
puesto que si éste es el momento 
que he apartado convenientemente en mi vida
para saber a dónde me dirijo,
no puedo confundirlo con el quién ni con el cómo,
es decir...ando a tientas del descubrimiento.

Decimos y soñamos pero no podemos soñar
sin ilusión. 
No podemos soñar 
en la inconsistencia, aniquilar lo que nace 
de manera tan inconsciente,
porque entonces no hacemos 
más que sumar desorganización 
a nuestro afecto.

La sinceridad es el punto. La sinceridad 
me aleja.
Todavía no estoy a tiempo 
de decidir quién va conmigo, 
pues ahora yo voy conmigo,
estoy a mitad de la página 
y he marcado solemnemente
la pausa de mi vuelo,

y necesito creerme mi templo,
no es el instante preciso, no es 
el adecuado,
no sé si lo será algún día.

La verdad es la verdad del tiempo, 
no como celda...jamás, pero sí
como una forma de piedad
hacia uno mismo. 

En la tregua, en mi tregua, aquí estoy, 
inmersa en la postura contraria
que el destino me empujó 
sabiamente a tomar:

sin escucharme, no puedo vivir.