viernes, 26 de diciembre de 2014

El cálido visitante



Nunca había experimentado la sensación de levantarme en un hogar compartido. 

Ahora es una gran bufanda que tejimos durante el verano para que resistiera hasta el invierno y -aunque mi punto no ha sido siempre igual-, tú has esperado a que mis agujas estuvieran simplemente donde tienen que estar. 
Estoy a salvo de ellas y ellas están a salvo de que yo desee deshacer o punzar. 

Tras varios meses de convivencia, sé que aún no sé lo que significa amar. Tú me dices que no me preocupe pues nada está completo nunca. Ninguno de nosotros lo está. Pero es un verbo que re-descubro y amplío como una infraestructura hacia el entendimiento de lo distintos que somos y -a la par-, de cómo es nuestra luz, de cómo nace nuestra alegría...
e incluso consigo -ante mi propia sorpresa-, descansar en tus ojos y aprehenderme en tu cuerpo. 

He comprendido -al fin-,  que teníamos que crear una nueva conciencia de olores, de costumbres, de tiempos; y que ambos -por separado-, teníamos que encontrar la atmósfera de nuestra propia extensión y sentirnos a gusto, mientras dejas de ser un extraño y empiezas a ser tú mismo, disfrutando al máximo de cada segundo y queriendo intensamente que los días no acaben y que siempre empiecen armónicamente a estimularnos. 

Además de todo eso, cuando estoy contigo tengo ganas de explorar -como si me fuera la vida en ello-la transformación de la inteligencia en belleza. La inteligencia también es decidir dejar de pensar. Sólo sentir que la piel es imperfecta y que nunca había sentido que estaba ante el oponente perfecto que me haría caminar de vuelta hacia mi propio centro, devolviendo paz a mi respiración. 
Esta guerra de escudos emocionales la has ganado tú y yo me he vestido de diosa deletreada por tus labios, feliz con el dulce asedio y abonando con cuidado nuestro nuevo territorio compartido. 




1 comentario:

Anaís dijo...

"y yo me he vestido de diosa deletreada por tus labios, feliz con el dulce asedio y abonando con cuidado nuestro nuevo territorio compartido."

Es precioso. Enhorabuena por el buen momento que describes, Lidia. Realmente es una sensación feliz experimentar ese dulce asedio, esa compañía fructífera. Que tengas un 2015 lleno de frutos.

Abrazos.