lunes, 29 de diciembre de 2014

So far away

Cuando me diagnostican por medios visuales,


cuando escanean mi vida y yo apenas puedo decir basta
cuando caen espinas en vez de copos
y busco el arropo 
en nuestra casa de comidas. 

Cuando me levanto y soy de color púrpura, 
cuando asfixia el llanto a mis pulmones,
cuando tengo hambre de ciudades que huyen, 
de amigos que envenenan su historia 
con la relatividad
del tiempo...

cuando me roban, cuando me acarician,
cuando me nombran y creen conocer mis armas,
no hacen sino refrendar mi lejanía. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

El cálido visitante



Nunca había experimentado la sensación de levantarme en un hogar compartido. 

Ahora es una gran bufanda que tejimos durante el verano para que resistiera hasta el invierno y -aunque mi punto no ha sido siempre igual-, tú has esperado a que mis agujas estuvieran simplemente donde tienen que estar. 
Estoy a salvo de ellas y ellas están a salvo de que yo desee deshacer o punzar. 

Tras varios meses de convivencia, sé que aún no sé lo que significa amar. Tú me dices que no me preocupe pues nada está completo nunca. Ninguno de nosotros lo está. Pero es un verbo que re-descubro y amplío como una infraestructura hacia el entendimiento de lo distintos que somos y -a la par-, de cómo es nuestra luz, de cómo nace nuestra alegría...
e incluso consigo -ante mi propia sorpresa-, descansar en tus ojos y aprehenderme en tu cuerpo. 

He comprendido -al fin-,  que teníamos que crear una nueva conciencia de olores, de costumbres, de tiempos; y que ambos -por separado-, teníamos que encontrar la atmósfera de nuestra propia extensión y sentirnos a gusto, mientras dejas de ser un extraño y empiezas a ser tú mismo, disfrutando al máximo de cada segundo y queriendo intensamente que los días no acaben y que siempre empiecen armónicamente a estimularnos. 

Además de todo eso, cuando estoy contigo tengo ganas de explorar -como si me fuera la vida en ello-la transformación de la inteligencia en belleza. La inteligencia también es decidir dejar de pensar. Sólo sentir que la piel es imperfecta y que nunca había sentido que estaba ante el oponente perfecto que me haría caminar de vuelta hacia mi propio centro, devolviendo paz a mi respiración. 
Esta guerra de escudos emocionales la has ganado tú y yo me he vestido de diosa deletreada por tus labios, feliz con el dulce asedio y abonando con cuidado nuestro nuevo territorio compartido. 




martes, 2 de diciembre de 2014

Jirón



Puedo tirar del hilo de las cosas que callo.

En los mesenterios de mi voz 
el ansia no se doblega,
es la realidad preñada 
que bajo el efecto de las hormonas de todos sus hijos muertos,
engulle a los nuevos 
transformada en Saturno.
Un auténtico trastorno. 

Mi espíritu se infecta y araña las paredes.

Luego trato de vencer mi apatía 
imaginando una verdadera escena sangrante
y nunca sé qué es peor:
la sensación de que conozco a todos mejor de lo que ellos llegarán a conocerse nunca, 
o la certeza de que las motivaciones humanas provienen de la suciedad, de la mugre. 

La obsesión por la muerte y el sexo. 
La necedad de un corazón que late para no encontrarse nunca a sí mismo.