lunes, 1 de junio de 2015

Política interior



Una vez tuve 
una familia verdadera.
Le hice promesas
en silencio a ese amor,
promesas de un arraigo 
ante la incomprensión de lo trágico. 

Aún atónita, sé que al cabo 
del tiempo, esa familia partió...
y recuperaron su sentido las mirillas únicas. 

La familia quedó encerrada 
en una nube virtual 
de recuerdos alegres 
que perdieron la esencia de lo físico, 
el abrazo,
y nos replegamos de nuevo 
en rincones de vidas transitorias 
para pasar mejor el abandono. 

Mientras, yo jugaba a olvidarme 
de todos los tipos de roles femeninos
en los que no sé si llegué 
a transformarme,
pues siempre he sido tan evanescente 
y hace falta mucho coraje para vivir;

Todavía hay instantes
en los que me siento cobarde,
aún compartiendo los trazos alegres del karma 
y la sapiencia 
de que la andanza sigue proveyendo,  
me duele no poder 
compartir mi alma con la familia perdida.

Vine a la tierra cortada por una tijera 
distinta,

sigo eligiendo 
la voz que me distingue 
de la democracia de nadie.


2 comentarios:

Gabriela Pirlo dijo...

Describís con una gran claridad y contundencia.

Lidia dijo...

Gracias, Gabriela...:)

Un beso grande¡¡